Conocer a alguien implica contar cosas de uno mismo: en eso consiste. La cuestión no es cuánto cuentas, sino qué tipo de información das y en qué momento. Hay datos que describen quién eres —a qué te dedicas, qué te gusta, cómo son tus semanas— y datos que permiten localizarte o suplantarte. Los primeros alimentan la conversación desde el principio. Los segundos no hacen falta para nada hasta mucho después, si es que llegan a hacer falta.

Qué no conviene compartir, y qué decir en su lugar

Datos sensibles, qué permiten y qué compartir en su lugar
DatoQué permite hacerQué decir en su lugar
Dirección o portal donde vivesPermite presentarse en tu casa y, con el portal, saber tu horario.La zona general basta: «vivo por el centro» o el nombre del barrio.
Centro de trabajo exactoEs el sitio donde se te localiza sin tu permiso y a una hora conocida.Di a qué te dedicas. Da la misma conversación sin la localización.
Datos bancarios o económicosNo hacen falta para conocer a nadie y son el objetivo de las estafas.Nada. No hay ninguna razón legítima para esto antes de veros.
DNI, pasaporte o una foto de ellosPermite suplantar tu identidad y contratar cosas a tu nombre.Nada. Ninguna plataforma ni persona legítima te lo pide por chat.
Contraseñas o códigos que llegan por SMSDa acceso directo a tus cuentas. Un código de verificación nunca se comparte.Nada, en ninguna circunstancia y por muy convincente que sea la excusa.
Fotos íntimasUna vez enviadas se pierde el control, y se usan para chantajear.Si decides compartirlas alguna vez, que sea con confianza real y sin cara.
Rutinas fijas y ubicación en tiempo realEl gimnasio de los martes a las ocho dice dónde estarás exactamente.Habla de lo que haces, no de dónde y a qué hora lo haces siempre.

Los tres últimos de la tabla merecen un matiz. Las contraseñas y los códigos de verificación no se comparten nunca, con nadie, bajo ninguna excusa: quien te pide un código que acaba de llegarte por SMS está intentando entrar en una cuenta tuya, sin excepción. Las fotos íntimas son una decisión personal, pero conviene saber que una vez enviadas no hay forma de recuperarlas y que son la materia prima de la sextorsión. Y las rutinas fijas parecen inofensivas precisamente porque se cuentan sin pensarlo.

El número de teléfono, caso aparte

Es el dato que más pronto se pide y el que más gente da sin pensarlo, porque parece poca cosa. Pero un número de móvil suele abrir más de lo que uno calcula: foto de perfil y estado en aplicaciones de mensajería, a veces el nombre completo, y la posibilidad de buscarlo en Internet y encontrar anuncios o perfiles antiguos asociados.

No significa que no haya que darlo nunca. Significa que no hay ninguna urgencia para darlo en el segundo mensaje. Seguir hablando dentro de la plataforma unos días más tiene además una ventaja práctica: ahí existe moderación y se puede reportar y bloquear a alguien, cosa que en tu WhatsApp personal ya no.

Si alguien insiste mucho en salir de la plataforma enseguida, conviene tomar nota: es uno de los primeros pasos del guion de las estafas sentimentales, explicado en señales de una estafa romántica.

Un orden razonable

No es una norma, es una progresión que funciona bien para la mayoría:

  • Primeras conversaciones. Nombre de pila, zona general, a qué te dedicas en términos amplios, aficiones. Todo dentro de la plataforma.
  • Cuando hay interés mutuo claro. Más detalle sobre tu vida, tu horario aproximado, quizá una videollamada. El teléfono, si te apetece.
  • Después de veros un par de veces. Redes sociales, el barrio concreto, gente de tu entorno.
  • Con una relación ya formada. Dirección, llaves, asuntos económicos. Nunca antes, por mucha confianza que parezca haber por escrito.

El criterio de fondo es sencillo: el ritmo lo marcas tú, no la insistencia del otro. Una persona que respeta que vayas despacio es, de paso, una buena señal sobre cómo sería tratar con ella más adelante.

Lo que conviene revisar antes de empezar

  • Busca tu nombre en Internet. Ver qué aparece sobre ti es la forma más rápida de saber qué va a encontrar cualquiera que te busque.
  • Mira las fotos que vas a subir. Un portal reconocible, una matrícula, el uniforme con el logotipo de la empresa o una calle identificable dan tu ubicación sin que lo pretendas.
  • Revisa la privacidad de tus redes. Sobre todo si usas el mismo nombre o las mismas fotos que en el perfil de citas: enlazar las dos cosas es trivial.
  • Separa el correo. Una dirección distinta de la del trabajo y de la del banco evita que una sola filtración lo conecte todo.

Qué hacer si ya has compartido de más

Pasa, y casi nunca es grave. Lo que toca es acotar: revisa la privacidad de tus redes, mira qué se encuentra buscando tu nombre y, si has dado un dato que te preocupa de verdad, valora cambiarlo —una contraseña se cambia, un número de teléfono también—. Si alguien insiste, te presiona o te incomoda, bloquéalo y repórtalo a la plataforma; y si hay amenazas o chantaje de por medio, eso se denuncia ante la Policía Nacional (091) o la Guardia Civil (062), y el 017 del INCIBE orienta de forma gratuita y confidencial.

Lo importante: haber compartido algo de más no te obliga a seguir hablando con nadie, ni a dar explicaciones. Dejar de responder es siempre una opción.

Para el resto de precauciones, cómo proteger tu privacidad en las citas online entra en la configuración y en qué deja ver tu perfil, y preparar una primera cita segura, en lo que toca cuando ya vais a veros.